Cuando tenía 12 años veía a mis primas mayores maquillarse, y es inevitable pensar en mascaras, labial, blush y no relacionar perdida de dinero, tiempo, esfuerzo, cuando el resultado es una plasta de pintura cubriendo la naturalidad de tu cara. Es casi como querer ocultar algo o ponernos detrás de una nube de brillos para no sacar el verdadero "yo".
Después de tantos chillidos que por el pinchazo con el delineador en el ojo, que si el pellizco en el párpado por intentarse sacar la ceja, decidí nunca usar productos cosméticos, pues la sola idea de sufrir un proceso tan superfluo y además tortuoso no la soportaría ni un momento.
Los años han pasado y hoy es el día en el cual necesito una hora mínimo para dejar mi maquillaje con un resultado que me de satisfacción. Se preguntarán "¿Por qué el cambio de idea?" Bien, les explicaré la razón.
Los estereotipos y decretos arbitrarios sobre lo que es la belleza han dado un rumbo muy específico a lo que debería ser, portar y hacer una mujer dentro de las sociedades, crecemos con esa idea y al final, sin darnos cuenta, nos hacemos el reflejo de ella, pues es casi imposible no pertenecer, de algún modo, a las corrientes.
La primera vez que me puse maquillaje (15 años), note que todo en mi cara resaltaba, ojos, labios, pómulos, y a ser honesta, me encantó. Seguramente son los estereotipos que tenemos en la cabeza los que me hicieron disfrutarme en el espejo, eso y algo que en mi nacía llamado VANIDAD. Sello característico de las féminas. Pero hay algo, que en lo particular descubrí y re-definí:
Makeup, más que un estereotipo.
El maquillaje es más que una etiqueta, es el arte de saber que tienes un tiempo para ti, dónde, por el contrario de muchas opiniones, el maquillaje no es una máscara, es una revelación. Es regalarte dedicación, de ti para ti, pues estoy segura que no dejarías que tu cara tuviera plastas de correcto, el labial hasta la barbilla o el delineador mezclado con chinguiñas, y es por eso que pones un poco más de esfuerzo. Cuando tocas tu cara con las brochas, los esponjas, los aplicadores o incluso tus dedos y vas mirando en ese espejo la transformación. Es como pintar sobre oleo, un oleo con la fuerza, armonía o sencillez del color, al final, no es maquillarte para el mundo, pues eres tú la de primer instancia quien recibe esa satisfacción visual que luego se convierte en satisfacción mental y emocional pues conviertes el evento en algo muy tuyo, nadie lo toca, nadie lo usa, solo se aprecia, no es limpiar tu hogar, hacer de comer, redactar un documento para los jefes o universidad, que si viene cierto que son trabajos que haces por ti, no son exclusivamente para ti, son cosas igual de lindas que compartes con los demás, pero maquillaje, es de ti para ti, sólo para ti. Del mismo modo que resultaría ir al gimnasio.
Pienso que si eres capaz de dedicar un lapso chiquito de tu tiempo en invertirte, es indicativo que en general, tienes la capacidad de poner entrega en el resto de tus quehaceres. ¿Cómo pretender dar algo que no nos damos ni tenemos por nosotras mismas? La falta de tiempo o dinero son excusas para no invertir en nuestra persona, quizás por el miedo a lo que ya mencione, el maquillaje no oculta, revela. Las mujeres en el pasado, dedicaban su tiempo en dicha autoinversión, dando como resultado buena proyección y no sólo en ellas, se podía notar la entrega de amor y tiempo mirar su hogar, la familia, hasta en áreas profesionales. Intenta algo diferente y muestra, no a la gente, a ti misma que la pasión puesta en tus actividades es real pues inicias contigo misma.